Tango Y Placer
Al bailar sin presiones, experimentamos una relajación total...
Podemos bailar y soltar nuestro cuerpo durante horas, tanto sea en una fiesta con amigos o en una clase de baile. Hemos transpirado mientras que nos divertimos, sin presiones, ni nerviosismos. Percibimos cómo la música, recorriendo nuestro cuerpo, nos transporta a mundos diferentes, plenos de paz y fantasía, tan solo con el acto de aflojar nuestro cuerpo, evocamos momentos y personas que nos acompañaron en tiempos de alegría, lugares y emociones a veces felices y otras no tanto... Así es el baile, el Tango, nos moviliza emocionalmente, por dentro y por fuera.
Así es una clase de Tango: la imitación y expresión plena de los movimientos corporales por medio de la música, el poder entregarse al gozo de dejarse llevar.
También hay quienes desean encontrar en el Tango, una disciplina, buscan el profesionalismo, en vez de buscarlo como una expresión libre. Esta faceta del Tango, requiere de una concentración absoluta del practicante. La clave desde el inicio, la tiene el profesor: cómo motiva al grupo durante su clase, como coordina e incluye efectos de musicales, que faciliten movimientos corporales armónicos. En el Tango como expresión de la danza, debemos hallar el gozo del ejercicio y la diversión por medio del baile.
Sin embargo, este fenómeno musical, permite a los alumnos / bailarines, que al final de cada clase, se sientan muy satisfechos tras haber bailado. Se llena de energía plena, que perdura todo el día, ya que mejora de inmediato su estado de ánimo. Nuestro Sistema Nervioso, libera Endorfina, que es la hormona del placer y la felicidad, así se combate el estrés. Esta maravillosa hormona, siempre es liberada cuando reímos, bailamos, y realizamos actividades placenteras. En estos casos, funcionan los neurotransmisores, responsables de reacciones satisfactorias que combaten el malestar y disminuyen las sensaciones de pena y dolor. Desde luego, el baile requiere de cierta disciplina y constancia como cualquier actividad corporal, sólo así se garantizan los mejores resultados. Pero nunca perdamos el lugar que el placer y la relajación nos son posibilitadas por medio del baile, en particular del tango y su sensualidad. El bailar, ayuda a reducir la tensión nerviosa, ayuda en la cura la depresión, pues le permite al bailarín, entrar en un mundo de alegría, que le evoca recuerdos felices y lo hace sentir libre .
Podemos bailar y soltar nuestro cuerpo durante horas, tanto sea en una fiesta con amigos o en una clase de baile. Hemos transpirado mientras que nos divertimos, sin presiones, ni nerviosismos. Percibimos cómo la música, recorriendo nuestro cuerpo, nos transporta a mundos diferentes, plenos de paz y fantasía, tan solo con el acto de aflojar nuestro cuerpo, evocamos momentos y personas que nos acompañaron en tiempos de alegría, lugares y emociones a veces felices y otras no tanto... Así es el baile, el Tango, nos moviliza emocionalmente, por dentro y por fuera.
Así es una clase de Tango: la imitación y expresión plena de los movimientos corporales por medio de la música, el poder entregarse al gozo de dejarse llevar.
También hay quienes desean encontrar en el Tango, una disciplina, buscan el profesionalismo, en vez de buscarlo como una expresión libre. Esta faceta del Tango, requiere de una concentración absoluta del practicante. La clave desde el inicio, la tiene el profesor: cómo motiva al grupo durante su clase, como coordina e incluye efectos de musicales, que faciliten movimientos corporales armónicos. En el Tango como expresión de la danza, debemos hallar el gozo del ejercicio y la diversión por medio del baile.
Sin embargo, este fenómeno musical, permite a los alumnos / bailarines, que al final de cada clase, se sientan muy satisfechos tras haber bailado. Se llena de energía plena, que perdura todo el día, ya que mejora de inmediato su estado de ánimo. Nuestro Sistema Nervioso, libera Endorfina, que es la hormona del placer y la felicidad, así se combate el estrés. Esta maravillosa hormona, siempre es liberada cuando reímos, bailamos, y realizamos actividades placenteras. En estos casos, funcionan los neurotransmisores, responsables de reacciones satisfactorias que combaten el malestar y disminuyen las sensaciones de pena y dolor. Desde luego, el baile requiere de cierta disciplina y constancia como cualquier actividad corporal, sólo así se garantizan los mejores resultados. Pero nunca perdamos el lugar que el placer y la relajación nos son posibilitadas por medio del baile, en particular del tango y su sensualidad. El bailar, ayuda a reducir la tensión nerviosa, ayuda en la cura la depresión, pues le permite al bailarín, entrar en un mundo de alegría, que le evoca recuerdos felices y lo hace sentir libre .
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